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Manual de Psiquiatría

$315

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ISBN: 968-7620-44-7, 2a. Edición, 2005
176 páginas, 15.5 x 22.5 cm, Enc. rústica
14 cuadros, Índice alfabético

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Descripción

Presentación

La medicina fue uno de los últimos oficios en ser aceptado como una disciplina científica, y comenzó a considerarse como tal gracias a la intervención del físico francés Laplace (1722–1822), quien sugirió a Napoleón que admitiera a los médicos en la Academia de Ciencias de París. En sus orígenes, la psiquiatría quedó al margen de la metodología médica, a pesar de que Hipócrates ya había atribuido al cerebro un papel esencial a la personalidad y a sus anomalías: “…algo ocurría en el cerebro cuando un individuo se volvía loco, deliraba o lo poseían los demonios en medio de la noche, o al despuntar el sol”. Para la filosofía médica del siglo XIX la psiquiatría no se consideraba como una disciplina, sino como un arte que no puede estudiarse con métodos científicos exactos y rigurosos (Poul V. Lemkav), perspectiva apoyada por Rudolf Virchow en su Patología celular, publicada en 1858, en la que postulaba que “si no existe una lesión celular demostrable, no puede aceptarse la existencia de una enfermedad y no deberá confundirse queja con lesión ni ser paciente con tener una enfermedad”. Además, las medidas y métodos preventivos han precedido a la identificación de su etiología; así, el uso de medios estresantes, como la ducha de agua fría, las sillas giratorias y los choques insulínicos –que actualmente se han sustituido por la terapia eléctrica en sus precisas indicaciones– provoca una liberación de catecolaminas (neurotransmisores).

Dichos métodos se efectuaban sin conocer el papel que juegan estos neurotransmisores en la génesis de los trastornos mentales. Se llegó incluso a introducir sangre contaminada con Plasmodium en pacientes sifilíticos que presentaban trastornos mentales para producirles cuadros febriles, antes de que se identificara al Treponema pallidum como el agente causante de la aracnoiditis de la parálisis cerebral ascendente. Más tarde esta enfermedad fue manejada por infectólogos, epidemiólogos o neurólogos.

Después de varios descubrimientos importantes, la psiquiatría por fin ocupó el lugar que le correspondía en la medicina. En 1869, Liebig descubre e introduce el primer hipnótico, el hidrato de cloral, y piensa que el mismo, al reaccionar con un álcali, produciría una liberación lenta de cloroformo in vivo. Santiago Ramón y Cajal (1852–1934), durante el Congreso de la Asociación Anatómica Alemana en octubre de 1889, dio a conocer su Doctrina de la neurona, en la que establecía por primera vez la independencia de las células nerviosas, es decir, que la relación entre ellas se da por contacto y no por fusión, como se afirmaba hasta entonces. Esto condujo a la conceptualización de que la sinapsis (la información que fluye entre las neuronas –espacio sináptico–) se concreta a través de sustancias llamadas neurotransmisores. Por su parte, Fischer y von Mering, en 1903, introducen en medicina al barbital como hipnótico, que sustituyó al hasta entonces conocido hidrato de cloral. (Los barbitúricos fueron descubiertos por el joven Adolf von Beayer como producto de la condensación del ácido malónico y la urea. La denominación proviene de la combinación de las palabras Bárbara y urea, en virtud de que su descubrimiento se produce precisamente el día en que se conmemora a esta patrona.)

Si bien es cierto que para principios del siglo XX se contaba con medicamentos que combatían el insomnio y la ansiedad, el uso de los barbitúricos entre los médicos de la época fue relativamente escaso, debido a que no actuaban en contra de las psicosis (en psiquiatría se considera que una persona es portadora de un cuadro psicótico cuando presenta alucinaciones, o bien cuando es portadora de ideas que no son congruentes con su profesión, educación, religión ni cultura –ideas delirantes–) ni tampoco en los cuadros depresivos, hechos estos últimos que favorecieron, a principios de ese siglo, al florecimiento de la corriente psicoanalítica encabezada por Sigmund Freud, la cual pronto se extendió en gran parte de Europa y América y que realza la importancia de los conflictos tempranos del desarrollo y los traumatismos de origen psicológico en la génesis de trastornos mentales y la verbalización de los mismos dentro del proceso terapéutico.

Contenido

Introducción
Marco Antonio Dupont Villanueva

  1. Trastornos de inicio en la infancia o la niñez. Luis Daniel Lozano Lea
  2. Demencias. Óscar Ugalde Hernández
  3. Farmacodependencia. Víctor Uriarte Bonilla
  4. Esquizofrenia. Salvador González Gutiérrez, Jaime J. Aguilar Gasca, Angélica Ramos Bedolla
  5. Trastornos afectivos. Marco Antonio Dupont Villanueva
  6. Trastornos de ansiedad. Humberto Nicolini Sánchez
  7. Trastornos en la conducta alimentaria. Mirella Márquez Marín
  8. El dormir y sus trastornos. Harry Baker
  9. Trastornos de la personalidad. Eduardo Ongay Moguel
  10. Urgencias psiquiátricas. Harry Baker I

    Índice alfabético

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